Así como amé

Así como amé… (canción).

Hoy va por mí

Así como amé de ti cosas que no tenía porqué amar: tu desesperación por hacerme tuya, la posición de tus manos sobre mis muslos, tu impaciencia para que me apartara de tu lado y tu cara de póker cuando me ponía cariñosa, seguido de un largo etcétera.
Así como lloré por todos y cada uno de tus desplantes.
Así como acaricié mi piel después de que me utilizaras y no me hubiera dado ni cuenta.

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Hasta el final

El hombre de mi vida

Hoy te vi y estabas tan cambiado que se me encogió el corazón. Estabas sentado en el mismo sillón de siempre: tu sillón individual color crema cubierto por una sábana y una toalla en el cabecero. Pero había algo que me decía que nada estaba como siempre. 

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Ciento ochenta grados – Parte IX

  Mi mundo en relatos

Sus pieles se rozaron tibias, frágiles, sedosas y atenuadas por la luz de una vela que yacía sobre la mesa de noche. Mientras tanto sonaba una canción, la canción de ambos.
(Escúchala aquí).

Prometo no hacerte daño – le susurró él en su oído pero ella lo detuvo colocándole su dedo índice sobre los labios.
Lo sé, Hugo… no me harás daño, tú nunca me haces daño. – Sus palabras parecían revelar sus miedos más profundos: haber necesitado amor y estima fuera de su casa por la situación con mamá y… ese maldito estúpido, es decir, papá.

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Ciento ochenta grados – Parte VII

Mientras el tumulto de la gente la desorientaba, su cabeza viajaba superando el exceso de velocidad de una carretera comarcal.

¿“¡Nos las pagarás todas juntas!”?… ¿cómo le pude decir eso? – mencionó en voz alta mientras caminaba, no sin antes asegurarse que estaba sola en el tramo de calle que recorría. Su cara de sorpresa fue dando paso a una sonrisa miedosa, casi pálida. – Joder… como mamá se entere… – se regañó a sí misma, por eso agachó la cabeza y siguió caminando en silencio, pues tampoco quería que la tratasen por loca al ir por la calle hablando sola (aunque todos sepamos que muchos lo hacen, incluso cuando van solos en el coche).

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Ciento ochenta grados – Parte V

A la mañana siguiente…

 

¿Y quién es ese chico, Lucía? – le preguntó a su cliente mientras se encontraba sentado en su silla negra con el respaldo alto, su pierna derecha sobre la izquierda y su bloc de notas apoyado para tomar nota. No obstante, no descuidaba a Lucía, que era observada por encima de sus gafas de pasta negras.

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Esta vez sí

Pelo al viento

Sonó su móvil con el tintineo que lo caracterizaba: era él, pero ella ya no era la misma….
En otras circunstancias habría corrido a responderle con la cara iluminada como un sol de verano, se hubiera puesto a pensar de inmediato en lo que ponerse para sorprenderle (aunque nunca le dijera nada de su vestimenta) y no hubiera parado de saltar por toda la casa y decirle a todo el mundo, que se encontrara de camino a la ducha, con quién iba a salir. Pero eso ya se había acabado.

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Ciento ochenta grados – Parte IV

primer beso

  – Lu, sabes que serías incapaz de hacerle daño a una mosca… – justo en ese momento un hombre entró en el cuarto de baño. Parecía ser mayor, quizá de unos treinta, aunque muy bien llevados.

Le acarició la cara y sus penetrantes ojos le desnudaron el alma. Vestía un chandal de lo más elegante (no precisamente de decathlon) y sus zapatillas de deporte eran de una marca muy conocida. Toda su vestimenta combinaba el gris junto al negro casi a la perfección.

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Cuando un amigo se va

Hola hola, querido lector. ¡Alegra esa cara que ya tenemos nuevo post! Lee hasta el final y no te olvides de sonreír. ¡Allá vamos!

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La gran mayoría de las veces, tanto tu como yo, nos hacemos ilusiones cuando conocemos a una persona y nos cae bien: comenzamos a hablar y parece que nos entiende en todo, que nos comprende y eso, como no, nos ayuda y nos alegra. Seguidamente comenzamos a hablar con más asiduidad, e incluso llegamos a quedar para conocerle, sin saber que, de esta manera, está entrando en nuestra vida tanto como nosotros en la suya. Hasta ahí bien: continuamos conociéndonos tanto nuestros defectos como nuestras virtudes, aunque los defectos se hacen más de rogar por eso del «miedo a que se vaya y nos quedemos como al principio de estar sin él o ella».

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El reencuentro

¡Hola a todos, navegantes de este sueño! Primero que nada desear feliz día de la mujer a todas las mujeres que me siguen. Sin ustedes nada sería posible. Y bueno, como cada semana, ya dispuesta a entregarles un nuevo relato. Espero que les guste, allá vamos.

«… mientras caminaba cabizbajo sin rumbo aparente su pensamiento estaba cubierto por una espesa niebla, esa que le ocultaba las extrañas razones de la última despedida. Desde ese instante las horas transcurrían en silencio, un frío silencio que, con susurros, le repetía una y otra vez su nombre.

Era imposible entender cuándo surgió esa distancia, porque los dos eran cómplices de tantos sentimientos. Juraron mil veces que nunca iban a separar sus vidas mientras que, con enamorados besos y apasionadas miradas, firmaban el compromiso de no perderse el uno al otro jamás. Sigue leyendo «El reencuentro»

Anclada a ti

¡Hola a todos, queridos camaradas! Ya estamos por aquí de nuevo, haciéndoles disfrutar con los relatos que voy confiándoles. El relato de hoy es tan personal como mágico, que acompañaré con una imagen de mi querido amigo y socio Alberto Silva Hernández. Espero que te guste, allá vamos.

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Abro las palmas, descubro lo que en ellas se encuentra: tu corazón está en mis manos, latiendo. ¡Está latiendo! 

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