Mi cuerpo entero en llamas

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Pudiendo estar retozando sobre las sábanas de cualquier cama de la ciudad,
pudiendo estar susurrando sonrisas en el oído de ella,
pudiendo sentirte amado a cada centímetro de tu piel,
pudiendo amar y ser amado al mismo tiempo,
prefieres lo más complicado.

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Amo admirarte

Admiro

 

“El amor nace también desde la admiración”. 

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Y tú, ¿me quieres?

MMER (2)

No seas tonta, estás loca por él y lo único que haces es desaprovechar el tiempo… – le volvió a repetir, cansada incluso por escucharse tantas veces decir lo mismo.
Si lo sé, pero pasa de mi… No me quiere porque no me lo demuestra – mencionó en un tono de resignación oculto al borde de las lágrimas.

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¿Eres capaz o incapaz…?

 AlbertoSilva

Nos empeñamos una y otra vez en buscar solución a los problemas, queremos saberlo todo, controlar todo lo que nos rodea por pequeño que sea. Salimos a todos lados planeando hasta el más mínimo detalle: con quién, qué haremos, dónde iremos, a qué hora, cómo iremos. También llegamos a controlar con quién o quiénes vamos para no encontrarnos con nadie conocido (o al revés, hacernos el encontradizo con esa persona). Nos hacemos preguntas como: ¿qué vamos a comer? ¿cuánto dinero llevo en la cartera? ¿tengo gasolina en el tanque? ¿qué me pongo?… y un sinfín de preguntas, algunas inimaginables. Mi única pregunta, la única que me surge al imaginarme tal situación es:

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Ciento ochenta grados – Parte VII

Mientras el tumulto de la gente la desorientaba, su cabeza viajaba superando el exceso de velocidad de una carretera comarcal.

¿“¡Nos las pagarás todas juntas!”?… ¿cómo le pude decir eso? – mencionó en voz alta mientras caminaba, no sin antes asegurarse que estaba sola en el tramo de calle que recorría. Su cara de sorpresa fue dando paso a una sonrisa miedosa, casi pálida. – Joder… como mamá se entere… – se regañó a sí misma, por eso agachó la cabeza y siguió caminando en silencio, pues tampoco quería que la tratasen por loca al ir por la calle hablando sola (aunque todos sepamos que muchos lo hacen, incluso cuando van solos en el coche).

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Ciento ochenta grados – Parte V

A la mañana siguiente…

 

¿Y quién es ese chico, Lucía? – le preguntó a su cliente mientras se encontraba sentado en su silla negra con el respaldo alto, su pierna derecha sobre la izquierda y su bloc de notas apoyado para tomar nota. No obstante, no descuidaba a Lucía, que era observada por encima de sus gafas de pasta negras.

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Ciento ochenta grados – Parte IV

primer beso

  – Lu, sabes que serías incapaz de hacerle daño a una mosca… – justo en ese momento un hombre entró en el cuarto de baño. Parecía ser mayor, quizá de unos treinta, aunque muy bien llevados.

Le acarició la cara y sus penetrantes ojos le desnudaron el alma. Vestía un chandal de lo más elegante (no precisamente de decathlon) y sus zapatillas de deporte eran de una marca muy conocida. Toda su vestimenta combinaba el gris junto al negro casi a la perfección.

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