Ciento ochenta grados – Parte IX

  Mi mundo en relatos

Sus pieles se rozaron tibias, frágiles, sedosas y atenuadas por la luz de una vela que yacía sobre la mesa de noche. Mientras tanto sonaba una canción, la canción de ambos.
(Escúchala aquí).

Prometo no hacerte daño – le susurró él en su oído pero ella lo detuvo colocándole su dedo índice sobre los labios.
Lo sé, Hugo… no me harás daño, tú nunca me haces daño. – Sus palabras parecían revelar sus miedos más profundos: haber necesitado amor y estima fuera de su casa por la situación con mamá y… ese maldito estúpido, es decir, papá.


Lu, ahora solo estamos tú y yo. Te protegeré y lo haré porque te quiero. – Le confirmó mirándola directamente a los ojos.

En ese momento Lucía estaba clavada en sus ojos, vulnerable y completamente dispuesta a quererlo hasta que la luz del Sol se apagara ante ellos. Ya ni siquiera le importaba quemarse por tanto amor hacia él. Mientras tanto él la cubrió con su cuerpo, estaba abrazándola. Se mantuvo así durante unos minutos pues quería sentirla tanto como pudiera. Ella le abrazaba y sonreía con los ojos cerrados, el contacto le estaba uniendo todos los trozos de su maltrecho corazón.

Bésame, Hugo – reclamó ella que se deshizo del cuerpo de su amado para dejarlo en libertad.
Disculpa, cariño. Tenía muchísimas ganas de sentir tu calor, tus brazos y el perfume de tu pelo. Hueles tan bien siempre… – cerró los ojos nuevamente como si pudiera recordarlo a la perfección. – Pero no hay otra cosa que desee más que besarte – concluyó sonriendo.

En la habitación se hizo un silencio acogedor, un silencio que hacía entrever que la demostración del amor más puro ya había comenzado. Tanto es así que pronto comenzaron a desnudarse el uno al otro, fruto de la propia exaltación del momento. Comenzaron por sus camisas, suavemente y entre risas tímidas.

Mmmmm… qué frío – murmuró Lucía encogiéndose.
– Ahora entraremos en calor, mi amor. Levántate un poco para abrir la cama, así estarás más cómoda. – Le dijo sonriendo y cumpliendo sus deseos a la perfección.
Me estás mal acostumbrando eh… – lo  miró ella sonriendo como si acabaran de regalarle la Luna.
Por mi niña lo que haga falta, parece mentira – anunció con la sonrisa cargada de buenos sentimientos y uno que sobresalía por encima de todos: devoción.

Continuaron besándose y rozando sus pieles como si nunca antes hubiesen tocado a nadie, con los sentimientos encontrados y cargados de exaltación. Estaban felices, puramente dispuestos a reencontrar sus cuerpos. Una vez libres de toda ropa se sentaron el uno frente al otro. Lucía rodeó las caderas de su amado con sus piernas, se sentó sobre él y le acarició las cejas con sus dedos pulgares, casi como si estuviese dibujándolas. Era una estampa preciosa, ambos compartiendo el preludio del acto de amor más físico. Continuó bajando por su nariz notando cada centímetro, cada poro de su piel, bajó hasta la boca y rozó los labios de Hugo tan despacio como pudo. La reacción de él fue cerrar los ojos, coger aire y agarrarla por debajo de sus axilas. La cogió fuertemente y la acostó de espaldas a la cama colocándose sobre ella. No podía evitar sonreír.

– Tu cuerpo me obsesiona. No puedo esperar ni un segundo más – declaró intentando contener sus palabras para continuar con el ritual.
– ¿A qué esperas? Lo deseo… te deseo – reclamó ella ansiosa.

La luz de la vela volvió a envolver sus cuerpos, atenuando los miedos de ella y sacando a relucir la perfección de sus cuerpos imperfectos. Entre sonrisas continuaron besándose, sus caricias eran cada vez más húmedas. Sobra decir que el ambiente cada vez se caldeaba más, propio de la pura combustión de sus cuerpos.

– Quiero que estés lista. No lo hagas porque yo quiero, podemos hacerlo de otra manera o dejarlo para otro momento, cariño. – Formuló Hugo preocupado por los deseos de ella.
– No es necesario, estoy muy segura, Hugo. Quiero hacerlo y quiero hacerlo ahora contigorespondió sonriendo, casi sin poder evitarlo.
– Me haces tan feliz… No quiero perderte – 
dijo un Hugo cada vez más convencido y loco por ella.
– No me perderás, es el momento de quererme – concluyó ella y alzó su barbilla para besarle en los labios.

Con una mirada de aprobación de ella se introdujo en su interior. En ese momento el cuello de Lucía se encajó en la almohada suavemente y un sutil gemido salió de su boca. Al notar la emoción de ella, no se detuvo y continuó amándola, formando un solo cuerpo, una unión perfecta. Colocó sus labios al lado de la oreja de ella y la mordió suavemente, puro reflejo del momento, como si jamás hubiese probado delicia tan perfecta. Se sentía tan plena notando los glúteos redondeados de él que decidió dejarse llevar, concentrar todos sus sentidos en notarle encima: su peso, su silueta, sus brazos… hasta que escuchó la voz de él que la despertó del sensual letargo en el que estaba sumida.

– Vamos a tu ritmo, Lu. Ven aquí – mencionó él con la voz ahogada y, agarrándola por la espalda, la colocó sobre él. – Ahora está perfecto – concluyó.

No quería parecer desesperada pero lo estaba. La obsesión de Hugo con su culo la había llevado a alcanzar el orgasmo en apenas un par de minutos.

– Corpus delicti – jadeó él con los ojos cerrados.

En ese momento Lucía, víctima del abatimiento, se había recostado sobre el pecho de su amado con los ojos cerrados y sus manos acariciándole los brazos.

Así que tengo un cuerpo del delito eh… – mencionó ella simpática – e plúribus únum.
– ¿Uno de tantos?… ¿A qué te refieres? – 
preguntó él extrañado.
No hemos acabado, soldado. Aún le queda mucho trabajo esta noche – respondió levantando la barbilla y sonriendo de manera pícara.
– Ui ui ui… pero si la señorita quiere guerra… – dijo sonriendo y contribuyendo a la mirada pícara de su cómplice.
Esta noche no quiero paz, esta noche haré la guerra… a tu lado. 

Continuará…

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2 thoughts on “Ciento ochenta grados – Parte IX

    1. Creo que este es un poco más sensual que el anterior y no me equivoco, en eso coincidimos los dos jajaja. Si te digo la verdad, mi duda era precisamente la pausa en la historia, me daba miedo que el lector lo viera como un estancamiento pero el post ha sido bastante llevadero e intenso, espero no equivocarme.
      Muchísimas gracias una vez más, siempre fiel. Un beso y feliz semana, Kike =)

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