Anclada a ti

¡Hola a todos, queridos camaradas! Ya estamos por aquí de nuevo, haciéndoles disfrutar con los relatos que voy confiándoles. El relato de hoy es tan personal como mágico, que acompañaré con una imagen de mi querido amigo y socio Alberto Silva Hernández. Espero que te guste, allá vamos.

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Abro las palmas, descubro lo que en ellas se encuentra: tu corazón está en mis manos, latiendo. ¡Está latiendo! 

Te miro a los ojos, dejo caer mi peso sobre tu pecho, beso tu frente sudorosa mientras mis brazos rodean tu cabeza, no puedo estar más vulnerable. Se me ha olvidado el resto del mundo, ya no noto que la Tierra siga girando, ahora solo concentro mi atención en tu respiración entrecortada. No querría estar en otro lugar en este momento, tan solo me gustaría continuar contigo, mirándote y sonriéndote a cada instante, casi sin poder evitarlo. Nuestro encuentro ha resultado ser el acto de amor más puro, sin ataduras reales, sin convicciones sociales establecidas por ninguno de los dos; nosotros nos queremos tal y como somos: el uno para el otro.

Recibes mi cuerpo y lo admiras como si fuera una escultura más de Miguel Ángel, como si todos tus deseos estuvieran depositados entre mis pechos y mi rostro. En ese momento te rindes ante mi con un: “eres perfecta”clavas tu nariz entre mi busto ( lo cual, para mi sorpresa, es una imagen casi mágica) y mi cuerpo te responde con un suspiro de alivio enamorado. Me encuentro anclada a ti, con mis piernas ya rodeándote pero sigo anhelándote… y es en ese precioso instante cuando me pregunto para mis adentros: “¿cómo le puedo anhelar teniéndole tan cerca? Me atrevería a sentenciar mi vida a su lado. Loca, Cristina… “

“Mi amor, prométeme que no seré uno más” – dijo con la voz angustiada y el corazón hastiado.
“Si algo deberías saber es que no eres uno más porque, si por mi fuera, me quedaría contigo por el resto de los días” – dije con mi corazón en la boca, los sentimientos en los ojos y su cuerpo pegado al mío. 

Absortos ambos disfrutábamos de nuestro amor en silencio, escuchando el sonido incesante de nuestros corazones amándose cada vez más a cada latido, queriendo salir de nuestros pechos para unirse y fundirse el uno en el otro. Cada vez mi cuerpo se mueve más rápido y mi mente le acompaña, a cada impulso se repite un mismo enunciado como mantra: “te quiero… oh Dios, te quiero… te quiero… te quiero…“.

Le conté mi pasado, mi presente y mi futuro. 
Le susurré mis miedos y le grité mis sueños.
Le enseñé todas mis heridas y cicatrices
y, para mi sorpresa, 
él se quedó.
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2 comentarios en “Anclada a ti

    • maricriole dijo:

      Muchas gracias, Ale. Ya sabes que me encanta escribir y poder transmitir los más puros sentimientos, ya sea en un momento o en otro. La verdad que me alegra que puedas verlo de esa manera, aunque sea fácil de entender por los detalles. Espero que puedas llegar a comprender lo que se esconde detrás de cada detalle y de cada palabra, me encantaría que lo supieras bien.
      Gracias por la lealtad que muestras cada semana, ya no solo con la lectura, sino también con cada comentario que me regalas.
      Un enorme saludo, ¡muchísimos besos!

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