Ciento ochenta grados – Parte IV

primer beso

  – Lu, sabes que serías incapaz de hacerle daño a una mosca… – justo en ese momento un hombre entró en el cuarto de baño. Parecía ser mayor, quizá de unos treinta, aunque muy bien llevados.

Le acarició la cara y sus penetrantes ojos le desnudaron el alma. Vestía un chandal de lo más elegante (no precisamente de decathlon) y sus zapatillas de deporte eran de una marca muy conocida. Toda su vestimenta combinaba el gris junto al negro casi a la perfección.

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