Sonó su móvil con el tintineo que lo caracterizaba: era él, pero ella ya no era la misma….
En otras circunstancias habría corrido a responderle con la cara iluminada como un sol de verano, se hubiera puesto a pensar de inmediato en lo que ponerse para sorprenderle (aunque nunca le dijera nada de su vestimenta) y no hubiera parado de saltar por toda la casa y decirle a todo el mundo, que se encontrara de camino a la ducha, con quién iba a salir. Pero eso ya se había acabado.
Autor: maricriole
Ciento ochenta grados – Parte IV
– Lu, sabes que serías incapaz de hacerle daño a una mosca… – justo en ese momento un hombre entró en el cuarto de baño. Parecía ser mayor, quizá de unos treinta, aunque muy bien llevados.
Le acarició la cara y sus penetrantes ojos le desnudaron el alma. Vestía un chandal de lo más elegante (no precisamente de decathlon) y sus zapatillas de deporte eran de una marca muy conocida. Toda su vestimenta combinaba el gris junto al negro casi a la perfección.
Ciento ochenta grados – Parte III
Lucía entró en el salón cuando una voz de hombre salía de la tele.
– La muchacha asegura que su mejor amiga ha desaparecido y que nadie está haciendo nada por encontrarla, es por eso que nos hemos puesto en contacto con la policía para que realicen las tareas de búsqueda y, gracias a esta foto ofrecida por su amiga Paola, podremos encontrar, entre todos, a Lucía Domínguez. Les seguiremos informando. – la voz del reportero sonaba interesada en el asunto.
Ciento ochenta grados – Parte II
– ¿Si? ¿quién es?… – dice Lucía al descolgar el teléfono.
– ¡Mi amor! ¿Eres tú? Lucía, mi amor, ¿eres tú? ¿eres tú? – brama una voz de hombre completamente desesperada – no me lo puedo creer, no cuelgues por favor… – suplica en apenas un segundo de reloj, con el alma en la boca y la voz repleta de ansiedad.
Ciento ochenta grados
Con la cabeza pesada como un plomo y sin sentir ninguna parte de su cuerpo, despertó entre una oscuridad infinita. Abrió los ojos, despacio y con miedo por no recordar dónde se encontraba ni qué era lo que había sucedido. Para su sorpresa se encontraba tendida en una especie de camastro y un hombre se hallaba sentado frente a ella, estaba mirándola. Tras sentirse observada notó vergüenza y se apresuró en incorporarse pero, al hacerlo, notó que se humedecía su pecho con lágrimas que empezaron a rodarle por las mejillas.
Cuando un amigo se va
Hola hola, querido lector. ¡Alegra esa cara que ya tenemos nuevo post! Lee hasta el final y no te olvides de sonreír. ¡Allá vamos!
La gran mayoría de las veces, tanto tu como yo, nos hacemos ilusiones cuando conocemos a una persona y nos cae bien: comenzamos a hablar y parece que nos entiende en todo, que nos comprende y eso, como no, nos ayuda y nos alegra. Seguidamente comenzamos a hablar con más asiduidad, e incluso llegamos a quedar para conocerle, sin saber que, de esta manera, está entrando en nuestra vida tanto como nosotros en la suya. Hasta ahí bien: continuamos conociéndonos tanto nuestros defectos como nuestras virtudes, aunque los defectos se hacen más de rogar por eso del «miedo a que se vaya y nos quedemos como al principio de estar sin él o ella».
El reencuentro
¡Hola a todos, navegantes de este sueño! Primero que nada desear feliz día de la mujer a todas las mujeres que me siguen. Sin ustedes nada sería posible. Y bueno, como cada semana, ya dispuesta a entregarles un nuevo relato. Espero que les guste, allá vamos.
«… mientras caminaba cabizbajo sin rumbo aparente su pensamiento estaba cubierto por una espesa niebla, esa que le ocultaba las extrañas razones de la última despedida. Desde ese instante las horas transcurrían en silencio, un frío silencio que, con susurros, le repetía una y otra vez su nombre.
Era imposible entender cuándo surgió esa distancia, porque los dos eran cómplices de tantos sentimientos. Juraron mil veces que nunca iban a separar sus vidas mientras que, con enamorados besos y apasionadas miradas, firmaban el compromiso de no perderse el uno al otro jamás. Sigue leyendo «El reencuentro»
Anclada a ti
¡Hola a todos, queridos camaradas! Ya estamos por aquí de nuevo, haciéndoles disfrutar con los relatos que voy confiándoles. El relato de hoy es tan personal como mágico, que acompañaré con una imagen de mi querido amigo y socio Alberto Silva Hernández. Espero que te guste, allá vamos.
Abro las palmas, descubro lo que en ellas se encuentra: tu corazón está en mis manos, latiendo. ¡Está latiendo!
Lo que pocos saben
Buenas buenas, camaradas. En el día de hoy les voy a hablar de mi plan de futuro, algo que tengo claro desde hace bastante tiempo. ¡Allá vamos!
Muchas veces surgen en la vida esas pequeñas encrucijadas, bifurcaciones de camino que nos obligan a decidir… decidir si tomar la elección correcta o, por el contrario, la que queremos elegir. En este caso en particular, la elección fue fruto del sentimiento de devoción más profundo, me explico.
Desde que era muy pequeña tuve la gran suerte de tener maestras muy buenas: atentas y cariñosas sin dejar de ser profesionales, que enseñaran contenidos académicos y valores personales. Poco a poco se fueron haciendo referentes para mi, modelos a seguir de lo que me gustaría ser en un futuro: una buena maestra.
Amor ciego
Un mal día lo tiene cualquiera, por eso escribo hoy. Solo los seguidores más fieles sabrán de este post. Espero que les guste, camaradas.
Dijiste que cuidarías de mi en las buenas y en las malas, que me apoyarías en los malos momentos, que tendrías en cuenta mis decisiones y que no permitirías que cayera estando sola, pero lo cierto es que la realidad es bien diferente. La tortilla se ha virado y quien está cayendo ahora mismo no es otra sino tú, la persona que jamás pensé que vería caer y, aunque llevo bastante tiempo a tu lado impidiendo que caigas sola, lo cierto es que me viste tan solo cuando caíste de rodillas ante mi, devastada por la realidad que te rodeaba.





