Ciento ochenta grados – Parte III

Lucía entró en el salón cuando una voz de hombre salía de la tele.

La muchacha asegura que su mejor amiga ha desaparecido y que nadie está haciendo nada por encontrarla, es por eso que nos hemos puesto en contacto con la policía para que realicen las tareas de búsqueda y, gracias a esta foto ofrecida por su amiga Paola, podremos encontrar, entre todos, a Lucía Domínguez. Les seguiremos informando. – la voz del reportero sonaba interesada en el asunto.

La cara de Lucía se ensombreció y los ojos se le llenaron de lágrimas.

¡¿Es que nunca van a dejarme en paz?! ¡¿Por qué no me olvidan?! – gritó como si le hubiera salido toda la voz del cuerpo al mismo tiempo y se hubiera quedado sin cuerdas vocales – esto no está pasando, esto no está pasando, esto no está pasando… – se repetía abrazando su pecho con los dos brazos e inclinándose hacia delante y hacia detrás sucesivamente, sin poder parar.

Al observar su reacción, mamá se levantó y la zarandeó al grito de:

¡¡¡Basta ya, Lucía!!! – le exclamó a dos centímetros de la cara, agarrándola fuertemente por los brazos.

En ese momento no pudo aguantar la presión y el pequeño renacuajo se desmayó entre los brazos de su madre. Justo antes de que se golpeara su cabeza contra el suelo, su madre pudo impedirlo poniendo su cuerpo por medio. Una vez en el suelo, Lucía recostada sobre su madre, se descubrieron sus muñecas que sobresalían de la rebeca que llevaba puesta. En ellas aún estaban esas malditas cicatrices que recordaban lo sucedido aquel día de primavera, cuando su pequeña Lucía había querido poner fin a su vida y, con ello, a su sufrimiento. 

– Lu, todo está bien. Descansa un rato, lo tienes merecido, ¿si? Iré a preparar algo para la cena – dijo su madre acariciándole la frente.

Lucía abrió los ojos y se encontró de nuevo en su cama, acostada y descalza, abrigada por la colcha gracias a la hospitalidad de mamá. Hacía tanto por ella… por eso aún la necesitaba tanto, pero también porque la quería.

– Vé tranquila, estaré bien. Gracias mamá. – sentenció ella más aliviada.
– Lo siento por lo de antes, Lu. – 
finalizó mamá justo antes de ponerse en pie y salir por la puerta.

Lo cierto es que se había acostumbrado a ser perfectamente incomprensible para los demás, por eso ya no les pedía nada, ni siquiera que estuvieran con ella. Intentó aclarar sus pensamientos y salió de la cama camino a la ducha, necesitaba un baño o la ducha empezaría a llamarla a gritos. Aunque bueno, no sería la primera vez que los objetos la llamaran… Música de Leona Lewis lista y a la ducha, era lo que más la relajaba en el mundo.

ducha

Al salir abrió la ventana para que se fuera la espesa niebla del baño, parecía que habían asado a alguien ahí dentro.

– Ducharse con agua tan caliente no está bien – escuchó casi en un susurro inaudible, sin poder diferenciar si la voz pertenecía a un hombre o a una mujer.
¡Te denunciaré la próxima vez que me veas desnuda! – dijo ella intentando aparentar enfado.
– No serás capaz, sabes que te encanta que te espíe, pero sobretodo cuando estás en paños menores o, mejor aún, desnuda cariño – dijo la voz de nuevo, esta vez en un tono más pícaro y seductor.

En ese momento se quitó la toalla de la cabeza y se la sacudió para liberar su corto pelo.

– Parece que no le tienes respeto a mi madre y que no me tienes miedo a mi, cosa que deberías, al menos lo último… ¡Ándate con cuidado! – anunció Lucía en un tono amenazador.

Continuará…

Anuncios

2 comentarios en “Ciento ochenta grados – Parte III

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s