Ciento ochenta grados

180º

Con la cabeza pesada como un plomo y sin sentir ninguna parte de su cuerpo, despertó entre una oscuridad infinita. Abrió los ojos, despacio y con miedo por no recordar dónde se encontraba ni qué era lo que había sucedido. Para su sorpresa se encontraba tendida en una especie de camastro y un hombre se hallaba sentado frente a ella, estaba mirándola. Tras sentirse observada notó vergüenza y se apresuró en incorporarse pero, al hacerlo, notó que se humedecía su pecho con lágrimas que empezaron a rodarle por las mejillas.

¿Qué… qué hago aquí? – Logró decir tras varios intentos.
– No temas, estoy aquí para ayudarte, Lucía. Estás en mi consulta. – dijo el hombre intentando tranquilizarla.

En ese momento recordó lo que había pasado. Estaba en la consulta de su psiquiatra como cada día, pero la hipnosis profunda le borraba recuerdos de su memoria más reciente. Se pasó las manos por su cara para apartar el pelo y las lágrimas que la cubrían y, al levantar la vista, observó una sonrisa cómplice dirigida a ella.

– ¿Estás bien? – Logró preguntarle tras observar que se había tranquilizado.- Si, disculpa Luis, siempre me sucede lo mismo – esbozó en un suspiro ahogado.
– Es normal, pero no te preocupes que ha estado muy bien. Vamos avanzando a pasos agigantados como te decía, te auguro una pronta recuperación.

La cara de ella consiguió esbozar una sonrisa de alivio.
Salió de la consulta y le dio las gracias de nuevo, la estaba ayudando mucho, a parte de sus amigas diarias (las gominolas, como ella las llamaba). Se dirigió a coger la guagua de camino a su casa, necesitaba descansar, la cabeza le iba a reventar. Con paso decidido y los auriculares en sus oídos fue recorriendo el mismo camino de todos los días. Cabeza agachada, pelo corto y moreno al viento, las manos dentro de los bolsillos de sus vaqueros, chaqueta abrochada hasta el cuello y calzada con unas botas que parecían saberse el camino a la perfección, pero la realidad es que ya ella había comenzado a ser previsible y poco interesante para sus amigos y familia. Lucía hacía mucho que no salía con un grupo de gente, le agobiaba verse entre tanta gente, intentaba evitar las aglomeraciones, los centros comerciales y los restaurantes, por eso todo el mundo se había alejado de ella, incluso su mejor amiga: Paola. Pero ella ahora no quería pensar en Paola, así que se sumergió en la música sentada en el asiento de la guagua de camino a casa.

Al llegar subió por las escaleras hasta el octavo, su casa, dado que también le agobiaba estar sola en el ascensor y tener que verse obligada a mirarse en el espejo al entrar.

y ciento ochenta. Malditas escaleras, cómo las detesto. ¡Mi próxima casa tendrá un montacargas! – Exclamó en su último aliento, pero seguidamente se echó a reír, casi sin poder evitarlo, y es que siempre pronunciaba las mismas palabras.

Entró en casa de espaldas y dió una vuelta de 180º, era una manía que tenía para recordarse que tenía que poner buena cara delante de mamá, no quería que se preocupara más por ella, así cambiaría por completo su visión de las cosas, (una de sus manías). Se dirigió a la cocina y le dió un beso a su madre, pero esta la abrazó y le dijo:

Mi niña, eres mi niña Lucía. Mi vida, come algo para tomarte tu “gominola”. – Con una sonrisa cómplice le dió una palmada en el trasero y salió de la cocina.

Cómo no hacerle caso a mamá… pero sus pensamientos se interrumpieron cuando sonó el teléfono.

Continuará…

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6 comentarios en “Ciento ochenta grados

    • maricriole dijo:

      Muchísimas gracias. Es cierto que me quedó bien, pero solo intenté hacerlo lo mejor posible. El truco está en imaginarlo y describirlo tal y como lo ves. Espero que sigas las aventuras de Lucía en la próxima entrega de Ciento ochenta grados.
      Muchos besos desde Canarias.

      Bueno Isa, me temo que tendrás que esperar unos cuantos días más, pero te aseguro que merecerá la pena ess espera.
      Muchos besos y gracias por seguirme cada semana.

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    • maricriole dijo:

      Muchas gracias por tu comentario, Kike. Si no te crees capaz de poder seguirle la pista, no lo dudes más y sígueme, estoy segura que te encantará. Si te soy sincera, a mi misma me tiene intrigada. Como primicia te adelanto que Lucía sorprenderá.
      Un saludo.

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