Y tú, ¿me quieres?

MMER (2)

No seas tonta, estás loca por él y lo único que haces es desaprovechar el tiempo… – le volvió a repetir, cansada incluso por escucharse tantas veces decir lo mismo.
Si lo sé, pero pasa de mi… No me quiere porque no me lo demuestra – mencionó en un tono de resignación oculto al borde de las lágrimas.

La solución se la había dado su amiga, la que conocía su situación mejor que nadie, incluso la única, a parte de ella misma, que conocía sus sentimientos hacia el chico del que hablaban.

Pero no… estoy cansada ya… le voy a dar una oportunidad a Mario. Quién sabe si a lo mejor me sorprende… – concluyó en un tono tan ilusionado como absorbido por la amargura de recordar que no era lo que necesitaba, pero mucho menos lo que quería.

Lo cierto es que la noche transcurrió con normalidad, es decir, con la normalidad propia de una primera toma de contacto: ninguna. Mario parecía complaciente aunque lo negara, simpático e incluso cariñoso en algún momento. Los susurros inesperados de él comenzaron a acelerarle el pulso, sus manos cada vez se cruzaban más, los movimientos comenzaron a ser lentos y torpes hasta que…
Ella se dio cuenta de que le molestaban sus impenetrables ojos clavados en la cena mientras comía, la manera de andar a su lado no le parecía conjuntar (algo extrañamente detectable de no ser por ella), su extraño sarcasmo e ironía como medio para intentar acercarse que provocaba el efecto contrario y el sutil, pero no tan sutil, recuerdo de…

Tú dirás por dónde voy – anunció entrecortando sus pensamientos.
Eh… ah, sí… ahora a la derecha – articuló abstraída por completo, viéndose incapaz incluso de reírse de una broma posterior que le hizo.

Pareciera que las palabras se le habían agotado y el camino a casa transcurrió con total silencio, tan sólo guiado por una leve música que salía de los altavoces. Sus labios no articulaban palabra mientras su cabeza se perdía entra tantos mensajes emitidos: culpabilidad, rechazo, miedo, frustración… No sabía como había llegado hasta ese momento, no sabía cómo estaba loca por una persona que no se atrevía a dar un paso por ella y comenzaba a estar harta de tal situación, quizá por eso comenzó a planear su vida lejos de él, lejos de quien no la quería como ella creía que merecía.

Bueno pues… – dijo ella con una sonrisa mientras pretendía bajarse del coche.
Espera, me bajo y nos despedimos – manifestó asegurándose de que ella no se bajara antes de tiempo.

“Hay maneras y maneras de intentar conquistar a una mujer, pero no te bajes del coche cuando la saludes o la despidas si no quieres que se derrita ante tus ojos”, pensó ella en ese momento.

Lo mejor de todo eso vino después, justo cuando su corazón se detuvo un segundo para escuchar a su mente decir que tampoco había estado tan mal, que lo había pasado realmente bien y que no debía sentirse insegura. Claro que el corazón comenzó a latir de nuevo y no dejó títere con cabeza. ¿Qué pesaban más: los buenos momentos de ese que no le prestaba la atención ni los cuidados que merecía o que alguien estuviera interesado en conocerla?

¿Qué tal ayer? – inquirió con una sonrisa genuina.
Bien, lo pasamos bien – respondió en un tono de lo más austero.
¿Pensaste en él? – preguntó en un tono más serio y calmado.
Sí… – afirmó.

 

Y hasta aquí puedo leer, de momento.

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