De principio a fin – Parte V

Bañera

Una vez en la puerta de casa, tras el paseo hasta ella, me he dispuesto a despedirme con un casto beso en su mejilla cuando me ha llevado hasta su cuerpo colocando su mano en mi cadera. Ya a dos centímetros de mi boca me ha dicho:

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De principio a fin – Parte III

Bañera

– Sara, ¿eres tú? – preguntó el interlocutor por el teléfono.
– Diego… sí, soy yo. Dime – respondí, algo apresurada por estar en las labores típicas antes de salir de casa ante semejante acontecimiento: había quedado con alguien después de año y medio.
Ya estoy llegando, ¿tú estás lista? – volvió a preguntar mientras conducía, aunque eso no le impedía comprobar mis nervios, lo que le hacía sonreír.
– De acuerdo… – mencioné preocupada – pero solo son las ocho menos cuarto, habíamos quedado a las en punto, así que aún no estoy lista.

Él soltó una carcajada al otro lado del teléfono al notar su estrés y escuchar cómo se le caía algo al suelo.

– Lo sé, lo sé – respondió intentando contener la risa – se me hizo temprano pero descuida, te espero abajo. ¡No tardes! – y colgó.

– No tardes, no tardes… ¡joder, pues no llegues antes! Que encima que estoy nerviosa, ahora encima a meterme prisa… Ya una no se puede ni maquillar tranquila – bramé para mi misma.
Lo cierto es que odio las prisas y llegar tarde, no es algo que fuera conmigo eso de hacer esperar a la gente, pero si se adelantaban quince minutos antes, tendrían que acogerse al primer mandamiento de la cita: el hombre siempre espera por la mujer, que sepan lo que valemos.

Al salir a la calle, fui en dirección hacia el coche y, para mi sorpresa, él estaba fuera apoyado sobre la ventana del copiloto. Vestía con una americana azul marino y un pantalón de pinzas, muy apropiado para mi vestido negro que iba acompañado de unos tacones sencillos a la par de elegantes. Una vez me vio, se puso en pie y caminó hacia mi.

Buenas noches – me dijo mirándome directamente a los ojos regalándome una sonrisa.
– Buenas – respondí sonriente y con las rodillas temblorosas.
– Muy guapa – mencionó sin apartar la vista de mis ojos.
– Qué alagador y sonriente – respondí dirigiéndole una mirada cómplice
Los dos nos dirigimos al coche, él me abrió la puerta, esperó a que entrara y la cerró para ir hasta su puerta.

Una vez ya en el coche, no pude aguantar más y solté lo que me había estado rondando la cabeza desde hacía unos minutos.
¿Eres así con todas? – pregunté
– ¿A qué te refieres? – interrogó extrañado
– Ya lo sabes, a eso de abrir la puerta y cerrarla sin que la mujer te lo pida – le respondí mirándole de reojo mientras ladeaba una sonrisa
– De hecho, solo con las que me prestan su móvil justo después de estallar el mío contra el suelo – certificó con una sonrisa enorme en la boca

Una vez en el restaurante, comenzamos a charlar sobre lo que había sucedido el día en el que nos conocimos, tan solo una semana atrás.

– Lo cierto es que mi pareja me estaba dejando definitivamente en ese momento y… – alegó cuando le interrumpí.
– No tienes por qué contarme todo esto si no quieres – certifiqué parando de comer en el momento – en realidad yo solo he salido esta noche porque no tenía con quien salir y así me invitabas a cenar – objeté antes que él continuara con su historia, pues no quería hacerle sentir incómodo ni estropear la noche.
– Gracias por cortarme. Tienes razón, debería ser más sincero contigo. En realidad no quiero hablar de ella, sino de ti – declaró clavándome la mirada en un segundo.

 

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Yo te cielo

¿Se pueden inventar verbos? 
Quiero decirte uno: 
yo te cielo,
así mis alas se extienden enormes para amarte sin medida.» 

Frida Kahlo.

@maricriole

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Declaración fallida

92Juanra

Ella, en un ataque de sinceridad repentino, se había ganado la batalla y le había mostrado todos sus sentimientos encerrados entre líneas, le había propuesto mantener algo más que una amistad esporádica con sexo casual de por medio.
Él se negó.

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Pesan los días

Los días ya no solo pasan, sino que también pesan. 

Pesan los días

No he conseguido hacerle frente a mis miedos sin ti.

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Y tú, ¿me quieres?

MMER (2)

No seas tonta, estás loca por él y lo único que haces es desaprovechar el tiempo… – le volvió a repetir, cansada incluso por escucharse tantas veces decir lo mismo.
Si lo sé, pero pasa de mi… No me quiere porque no me lo demuestra – mencionó en un tono de resignación oculto al borde de las lágrimas.

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Así como amé

Así como amé… (canción).

Hoy va por mí

Así como amé de ti cosas que no tenía porqué amar: tu desesperación por hacerme tuya, la posición de tus manos sobre mis muslos, tu impaciencia para que me apartara de tu lado y tu cara de póker cuando me ponía cariñosa, seguido de un largo etcétera.
Así como lloré por todos y cada uno de tus desplantes.
Así como acaricié mi piel después de que me utilizaras y no me hubiera dado ni cuenta.

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Ciento ochenta grados – Parte VI

Lucía se había quedado con los pies clavados en el suelo, rodeada de árboles y niños correteando por los alrededores del parque. Tanto el bullicio como la situación la habían superado. Se quitó los auriculares casi movida por la lógica, sin ser dueña de sus movimientos.

Lucía, pensé que no te encontraría jamás – mencionó con la voz agitada de tanto apresurarse para atraparla.

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Ciento ochenta grados – Parte II

 

llamada de teléfono

¿Si? ¿quién es?… – dice Lucía al descolgar el teléfono.
– ¡Mi amor!
¿Eres tú? Lucía, mi amor, ¿eres tú? ¿eres tú? – brama una voz de hombre completamente desesperada – no me lo puedo creer, no cuelgues por favor… – suplica en apenas un segundo de reloj, con el alma en la boca y la voz repleta de ansiedad.

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