Ciento ochenta grados – Parte X

¿Y así es como me lo pagas, durmiendo con este tío que no me llega ni a la suela del zapato? Lucía, por favor… no seas ilusa. Solo te quiere para follarte. Pero yo no, yo te quería – le dijo sosteniéndole su cara con la palma de las manos.
Pero… – titubeó ella.
No, Lucía. Yo te quería y te quiero. Vuelve conmigo – la interrumpió Leo.


¡No! ¡Basta ya! – gritó ella apartando las manos de su cara.
A mi no me grites, maldita estúpida – gruñó él y de un giro de muñeca la abofeteó y la dejó tirada en el suelo.
No, no, no… ¡¡No!! – gritó ella entre sollozos.
Lu, cariño… ¡estoy aquí! – se apresuró Hugo a abrazarla – está todo bien – le dijo sosteniéndola entre sus brazos y apretándola contra su pecho.

Ella estaba llorando, no soportaba verla así pero tuvo que dejarla que se tranquilizara acompasando su respiración con la de él. Si le preguntaba sería inútil, pero él sabía justamente lo que tenía que hacer.

Mi amor, permaneceré a tu lado siempre que lo necesites. Ya ha amanecido, deberíamos desayunar algo para ducharnos, quizá de esa manera te despejes. Lu… te quiero, no lo olvides, ¿vale? – mencionó casi en un suspiro, cerca de su oído para que pudiera percibir cada letra a la perfección.
Perdona, Hugo… enseguida vuelvo… – enunció ella justo antes de levantarse de la cama para ir al baño.

Estaba aturdida, dolida y confundida. No sabía muy bien qué era lo que necesitaba en ese momento… Se colocó delante del espejo y se observó a sí misma. Su rostro reflejaba preocupación pero, de no ser por eso, de no ser por ese momento, estaría feliz. No le dolía el cuerpo por la noche que había pasado junto a Hugo, la había tratado con sumo cuidado. Él la había amado y no utilizado. En ese momento maldijo a todos los hombres que, de una manera u otra, han utilizado a las mujeres como simples objetos sexuales y se retorció todo su interior. Se sentó en la taza del wáter y sonó el teléfono de repente, el cual estaba fuera del baño. Unos instantes después dejó de sonar y escuchó a Hugo respondiendo:

¿Diga? – preguntó. – No, ella no se puede poner ahora mismo – respondió en tono serio. –Ya te he dicho que no, déjala en paz o tendrás problemas – dijo en un tono más serio aún.

Al escuchar eso, Lucía salió del baño a toda prisa. Para cuando apareció de nuevo en la habitación lúgubre, Hugo ya había colgado y estaba mirando el teléfono con aparente rabia.

¿Quién era? – preguntó ella acercándose a él. Pero, al ver que no respondía, se colocó justo delante y le levantó la barbilla con delicadeza. O, bueno, con la máxima delicadeza que se puede tener cuando necesitas saber algo…
¿Esa pesadilla era con Leo, verdad? – le preguntó sin levantar la barbilla y con la vista clavada en el suelo.
Sí, Hugo. Pero, ¿qué pasa? ¿quién era? – repitió una Lu cada vez más preocupada.
Te ha encontrado otra vez, está abajo esperándote… – respondió con el tono sin expresión ninguna.
¡¿Qué?! ¿Cómo es posible? ¿Qué te dijo? – preguntó ella en tono incrédulo.
Me dijo dónde estábamos y que bajaras para verte… creo que voy a llamar a la policía y acabar con esto. – Anunció y cogió el teléfono de nuevo para marcar el número cuando Lucía lo detuvo.
¡¡No, Hugo. Para!! – gritó atrapando el teléfono – esto debo hacerlo yo. 

Policía a la puerta del hotel

En media hora el hotel estaba sitiado por la policía que detuvo a Leo y Adolfo estaba con Lucía en la habitación. Hugo se había tenido que ir con el jefe de policías para prestar declaración mientras su psiquiatra lograba tranquilizarla.

Mamá… mamá no debe enterarse de esto – dijo Lucía angustiada.
Olvida eso por un instante Lucía. Lo importante es que ya ha pasado todo y que has seguido mis consejos. Hiciste lo que debías y ahora estás a salvo – le respondió él convencido. – Ahora deberías darte una ducha… hueles a noche de sexo – le dijo sonriendo.
Adolfo, yo… – mencionó ella avergonzada.
No, cielo. Estás en todo tu derecho. Eso también lo necesitas y no te culpo por ello. No obstante yo me encargaré de hablar con tu madre, no estás en la mejor situación ahora mismo. Te espero abajo – concluyó Adolfo y, con un apretón en el hombro, salió de la habitación.

Unos minutos más tarde se vio envuelta en una nube de vapor. Siempre se duchaba con el agua tan caliente… cuando escuchó el sonido de la puerta y cómo alguien se acercaba. Descorrió la cortina y le vio.

No, no, no, Lu. No grites. Soy yo – dijo levantando las manos reivindicando paz.
¡Cielos santo, Hugo! Qué susto – dijo ella suspirando de alivio y cerrando los ojos.
Tenía que despedirme de ti, Adolfo ha hablado conmigo – decía mientras de deshacía de su ropa – me dijo que debías volver a la ciudad con tu madre y he pensado en… despedirme como es debido – concluyó con tono pícaro quitándose los bóxer.
Pero… yo… deberías ir al hospital… – titubeó.
De “pero” nada, cariño – respondió adentrándose en la ducha – nos necesitamos y quiero sentirte por última vez antes de que tengas que irte.

A partir de ese momento sobraron las palabras y se sumieron en las profundidades de sus cuerpos. Se fundieron en un cálido abrazo (cálido por la temperatura del agua que corría por sus cuerpos, también ardientes de deseo), él la empujó contra la pared y comenzó a acariciarla. Comenzó por sus hombros, bajando por sus pechos, su cadera y, por último, por su interior.
Un gemido sobresalió por encima del sonido de la ducha, era el sonido del amor, de su amor.

Jamás he amado tanto a nadie, Hugo. 
Jamás ames tanto a nadie, Lu. 

 

¿Continuará?…

Con este post Mi mundo en relatos se despide de Ciento ochenta grados. Muchas gracias a todos los que han seguido la historia cada semana desde hace ya diez semanas. Sería un error seguir compartiendo con ustedes una historia que quiero construir poco a poco y con la que tengo un proyecto de futuro pendiente.

Espero seguir llenando los corazones de mis lectores. ¡¡ Mil gracias !!

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5 comentarios en “Ciento ochenta grados – Parte X

  1. kike dijo:

    Mis mejores deseos para esta historia. Que la verdad va bastante bien…. gracias por permitir descubrirla. … te seguiré en este mundo de letras. … un abrazo y feliz cumbre semana

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    • maricriole dijo:

      Muchas gracias por seguirme cada semana y dejarme ofrecerte esta historia. Por supuesto desde que tenga la historia en formato papel o en alguna página, serás uno de los primeros en enterarte.
      Gracias por tu apoyo incondicional. Ha llegado la hora de dar un giro de Ciento ochenta grados y continuar con Mi mundo en relatos.
      Un fuerte abrazo y, sí, feliz fin de semana jajaja.

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