A fuego lento

Bienvenidos de nuevo a todos, camaradas.

Hoy, como una semana más, hablaré de eso que sentimos sin querer pero ni queriendo dejamos de sentir. Si aún no sabes a lo que me refiero, te animo a que comiences a leer. Allá vamos.

Tengo contados todos los besos que nos damos, todas las caricias que, tanto tú como yo, marcamos en la piel del otro. Es cierto que, aunque me cueste reconocerlo, echo de menos cada centímetro de tu piel a cada día que paso sin verte, pero sé que es inútil negar lo evidente.

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