El buzón de mensajes

Solo tú tienes el poder de aparecer así.

Todo el tiempo intento poner a otro en tu lugar,
mirarle de una manera parecida a como te miraría a ti,
reírme con la sonrisa desnuda que tenía delante de ti,
la real,
la de verdad,
la que no podía evitar esbozar…
querer acercar mi cuerpo al tuyo
de la misma manera que lo hacía por la noche
cuando las sábanas acariciaban nuestra piel desnuda
y yo, como si fuera el positivo de tu negativo,
me pegaba a ti por mera acción de atracción.

Pienso en ti cada hora
de cada día
de cada semana
de cada mes
de cada año
desde que te conozco.

No sé qué hacer ya,
porque es desesperante no poder olvidarme de ti,
ni siquiera del roce de tu piel contra la mía.
Ni por amor propio,
ni por el paso del tiempo,
ni por nombres propios,
por nada del mundo.

Y no se ve
pero cuánto cuesta fingir que no estoy pensando en ti
cuando otra persona me pregunta cómo estoy hoy.
Porque no es que esté pensando en ti,
si no que estoy sufriendo tu pérdida,
el no estar en tu vida
(que aunque pueda parecer lo mismo,
no lo es, si no que se complementa).

Si alguna vez existieron los dioses,
vuélveme a llamar,
vuelve a cruzarte en mi camino,
porque de verdad que prefiero no vivir
que una vida sin volver a verte.

Porque podría volverte a llamar,
volverte a buscar e insistirte,
pero ya sabes lo que sucedería en ese caso:
dos excusas y un único mensaje.

Ni los problemas de la vida
ni la propia vida,
han conseguido que desvíe mi atención
de ti.

Todavía estoy aprendiendo.
Lo siento.
Pero te quiero tanto.

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