Desde el día que te perdí

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Hoy doy las gracias por haberte perdido,
por haber decidido alejarme de tu lado
y haber aprendido a hacer lo que debía.

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La estupidez de este siglo

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La doble moral del siglo XXI:
intentamos llamar la atención de alguien a quien queremos
no respondiéndole a los mensajes o ignorándole,
pero le pagamos a otro alguien para que nos escuche
y nos diga lo que tenemos que hacer.

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Haciéndolo de nuevo

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Bueno, ahora que estás en camino hacia nosotros y tengo un rato, voy a escribir algo sobre los dos, sobre nuestro equipo.

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Patriarcado

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¿Por qué nosotras somos las culpables de todo?
¿Por qué desde que Eva se comió la manzana la mujer siempre resulta ser la mala en todas las historias?
Cruela de Vil, la bruja del cuento, la madrastra…
O mejor no, mejor las inocentes: Caperucita, Cenicienta, Anastasia Steele…
Ya sabes del tipo de mujer que hablo, las que van provocando. Si, esas que van pidiendo que las violen con su cara virginal. Quizá influye que sean jóvenes, que vistan como quieren, que sean inocentes y se hayan creído los cuentos que el estado patriarcal les ha impuesto de generación en generación, que tengan amigos hombres, que se rodeen de quién les plazca, que sepan decir NO cuando no les apetece acostarse con alguien (y no por ello ser unas calienta nada).

“¿Cómo demonios has acabado aquí? Te envolvías en cuentos de hadas como en una manta, pero era el frío lo que te encantaba: escalofríos al descubrir los cadáveres de las esposas de Barba Azul, piel de gallina cuando el príncipe azul colocó un zapato de cristal sobre tus deditos, hecho a tu medida. Pero en el patio, las princesas de verdad flotaban junto a ti con el viento otoñal. Viste el abismo entre tú y las niñas ricas y juraste dejar de creer en cuentos de hadas, pero ya tenías las historias dentro como un veneno. Si el príncipe azul fuera real, si pudiera salvarte, necesitabas ser salvada de tanta injusticia. ¿Cuándo vendría? La respuesta fue un cruel gesto de desdén en un centenar de momentos fugaces. La mueca en la cara de Steve Smith cuando te llamó gorda. La mano del tío Jeff pellizcándote el culo en la cocina por Acción de Gracias. La mirada acusadora de tu padre cuando se lo contaste. De cada niño disfrazado de hombre que entró en tu cuerpo y en tu corazón aprendiste que no poseías la magia para convertir una bestia en un príncipe. Te rodeaste de las chicas que siempre despreciaste esperando compartir su poder. Y te odiaste a ti misma. Y eso te desdibujó aún más. Y entonces, cuando pensabas que podías desaparecer, él te vio… y supiste en el fondo que era demasiado bueno para ser verdad, pero te dejaste llevar porque fue el primero con fuerza para levantarte. Ahora en su castillo comprendes que el príncipe Azul y Barba Azul son el mismo hombre y no tendrás un final feliz a no ser que ames a ambos. ¿No es lo que querías? ¿Ser amada? ¿No querías que te coronara? ¿No es lo que pediste? ¿No es lo que pediste? ¿NO ES LO QUE PEDISTE? Di que puedes vivir así. Di que lo amas. Dale las gracias. Di cualquier cosa menos la verdad. ¿Y si no puedes corresponderle?”

Mi lista de los deseos

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Unas características amontonadas en una lista interminable,
otro fracaso amoroso,
otra cualidad más que odiar,
otra imperfección que descartar al más mínimo atisbo de aparición,
otra cualidad que tenía escondida de mí misma,
vuelta a la lista de características de hombre ideal.

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