La piel

Justo cuando ya estaba olvidándote,
apareces de nuevo
con tu aparente naturalidad
y golpeas mi realidad.

Justo cuando ya te pensaba solo cada ciertas horas
y no recordaba el tacto de tu dedo índice acariciándome,
apareces con esa socarronería que te caracteriza,
haciendo cómplice de secreto hasta el aire que me rodea.

Justo cuando pensaba que ya no volverías más,
que ya no querrías compartirte conmigo,
que tendría que seguir viviendo
con el pesar de saber
que ya no quieres volver a verme,
me hablas precisamente para volverme a ver.

Entre renglones torcidos,
como si no supiese leer entre ellos,
escondes tus deseos más queridos,
haciéndome partícipe de tus anhelos,
sueños y deseos.

Solo he de decirte que yo también te echo de menos,
que no concibo este existir sin tenerte cerca,
que los días pesan como plomos
y que me vuelve loca la idea de no saber cómo estás
ni dónde.

Al fin y al cabo tú ya sabes dónde encontrarme,
pero es el destino el culpable
de no volver a cruzarnos.

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