Un beso en el tiempo

Anoche soñé que volvías como si nunca te hubieras ido,
volvías a llamar a mi puerta desesperado por volver a verme
y cuando te abrí, no supe como reaccionar al no esperar encontrarte allí,
de nuevo en mi umbral
expectante por reencontrarnos
y por volver a querer un beso mío.

Te acercaste más de lo que esperaba y me besaste,
me dijiste cuántas ganas tenías de volver a verme,
me hiciste sentir como me sentí
cuando me cogiste en peso y me llevaste hasta aquella pared
contra la que me pusiste de espaldas y me diste
el mejor beso que me han dado jamás.
Volviste a hacer lo mismo y me llevaste hasta la pared de la puerta,
me subiste a tu cadera, te bajaste el pantalón y te introdujiste en mi,
casi sin poder darme cuenta.

Cuando ya tenía mi cabeza mirando hacia el techo y los ojos en blanco,
me acordé que no te habías puesto protección,
por lo que te paré y te pregunté si lo habías hecho,
porque hasta en ese momento la responsabilidad me ataca,
saliste de mi y me dejaste que comprobara que si la llevabas,
mirándome mientras me sonreías con esa mirada tranquilizadora
que siempre te caracterizó,
así que continuamos
y en ese vaivén de deseo y sorpresa,
en esa exaltación de emociones,
me desperté con el dulce sabor de tu olor
y con el más que evidente sonido desbocado de mi corazón.

Te vi tan tú pero tan diferente,
que ni siquiera supe como reaccionar
y reconozco que fue tan improvisado
que no me quedó más remedio que dejarme llevar,
dejarme llevar por ti
y dejarme llevar por la sorpresa
tan placentera y seductora que me había llevado.

Desperté extrañando a alguien que ya ni siquiera recordaba,
pero de la misma manera que lo había hecho en tiempos pretéritos
por el mero hecho de saber que me volvería a sentir atraída
por la misma persona que me cautivó cuando solo tenía quince años.
Ya poco queda de esa Cristina de hace trece años,
pero la adolescencia perdida
se ve más que reforzada
cuando es la mente la que pone en jaque
a tu más que trabajada cordura.

Me ha costado mucho llegar hasta aquí
e intentar hacer caso omiso a cantos de sirenas,
pero reconozco que no es nada fácil continuar con ello
cuando las grietas en el presente son cada día más que evidentes;
tampoco es que lo propicie ni lo busque,
pero cuando todo me encuentra,
es difícil volver a tener la fuerza suficiente para escapar
y negar algo que sientes como duele el que te lo hayan arrebatado.

No recuerdo si alguna vez habré escrito sobre ese beso del que antes hablaba,
pero fue sin duda de los mejores
por la acción previa al mismo,
la pasión con la que se dio,
lo prohibido de la situación,
el nerviosismo cargado de prisa,
la juventud,
la magia de las primeras veces…
Sin duda fue uno de mis momentos preferidos de todos los tiempos.

Algo tuvo que me cautivó tanto
que aún hoy, a pesar de los años, aún lo recuerdo.

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