Dulce tentación

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La única precipitación que me gusta
sucede cuando mi corazón se precipita contra tu boca.

No hay mayor placer que el de verte y poder sonreír,
sea lo que sea que estés haciendo en ese momento.
Duermas o veas la tele,
cocines para mi o me mires de refilón,
porque disfruto como una niña
estando a tu lado.

Nos quedan un montón lugares a los que ir,
cosas por hacer,
esa cita pendiente,
sitios en los que despertar
y caricias que darnos.
Sé que con todas disfrutaré,
incluso puede que con algunas en mayor medida.

Y verte despertar, con esa cara de desubicado todavía
por verme a tu lado
y te niegues a verbalizar lo que ambos ya sabemos,
que te encanta que despierte contigo
aunque rezongues lo contrario.

Que juguemos como niños antes de dormir,
en la oscuridad de tu habitación,
como si se tratase de una metáfora de nuestra relación.
Jugamos a oscuras, entre risas y quejidos,
tú me agarras para que no te haga daño,
yo gimo simulando que me gusta
y te empiezo a dar lametones en las manos que me aprisionan
para que me sueltes.
Te da asco tanta cercanía y me sueltas entre resoplidos,
me pides una tregua,
que haya paz
pero yo me niego en rotundo
porque quiero más.
Quiero más guerra sobre tu piel,
hacerte morir de la risa a cosquillas,
morderte ese hombro que grita mi nombre
y, por fin, hacer lo que he venido a hacer:
besarte.

Me tiras de la cama pero vuelvo a ti con más fuerza,
lo intentas de nuevo pero no puedes parar de reír.
El oxígeno de la habitación entera
se te queda corto para ahogarte entre tanta risa.
Es una de las melodías más perfectas que existen:
el sonido que haces cuando te mueres de risa.
Quizá para ti el olor más perfecto
sea el champú de coco sobre mi piel,
aún estoy descubriéndolo.

– No estás donde tienes que estar – refunfuñó él al despertar y verla
– Es cierto, tengo que estar en otro sitio
– ¿Dónde? – preguntó extrañado
– Aquí – respondió ella abrazándole por la espalda y dándole un beso en el centro de ella

El silencio a veces es capaz de decir más que cualquier palabra. Por eso me limito a mirarte.

Y entre el baile de manos
te beso
te beso
te beso.

Qué dulce tentación.

 

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