Primero y único

Alma pura,
hoy habrías cumplido doce años
y hace el mismo número de días
que te fuiste.

Hoy no puedo evitar
que un profundo dolor
me embargue el alma.

Lo que más me apena
es no saber si estarás bien,
porque un alma como la tuya
no se merece otra cosa que haberte ido en paz.

Jamás podré olvidar lo que te dije al irte:
«corre ahora, corre mucho, Plutito,
que ya no te duelen las patitas».

Siento que hayas sufrido tanto dolor
hasta que pudiste descansar.
No lo merecías.

No volver a acariciar jamás
tu pelo largo,
no volver a sentir cerca tu hocico
olisquearme,
no volver a escuchar tus ladridos
ni olerte a través de mi nariz
llena de congestión por la alergia…
te extraño tanto,
perrito.

Nadie sabe lo que se siente
con la pérdida de un animalito,
hasta que tiene la desgracia de perder al suyo.

Hoy la vida ha querido ponerme lejos en distancia,
pero jamás podrá hacerlo en sentimientos,
porque siempre te voy a recordar
como el perrito que me enseñó a querer
al resto de animales,
como el perrito que me enseñó
a darme cuenta que eras más que un animal
y que jamás voy a dejar de quererte.

Nunca pudiste responderme con palabras
a lo que hablábamos,
pero no te hacía falta
ni a mi tampoco,
porque siempre supimos entendernos
incluso sin palabras.
Así son los amores más incondicionales.

Prométeme que esta noche
vendrás a visitarme en sueños
y me dejarás que te mire por última vez,
yo a cambio
prometo rascarte el lomo
y mirarte con esas pupilas derretidas
que solo tú conseguías que mostrase.

El primero y el único.

Feliz duodécimo no cumpleaños,
Plutito.
Te voy a querer siempre.

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