El dulce amargor

El simil más certero
podría ser el que se siente al observar el mar,
porque aparentemente no se ve nada,
pero a la vez puede observarse todo,
sea visible ante los ojos o no.

Es época de cambios,
de querer crecer
y superarse a sí mismo.

Es época de aprovechar para conocer mundo,
conocer personas y vidas,
y amar lo que haces
por encima de cualquier tipo de amor
que puedas sentir ahora por tu profesión.

Hay opciones de que me crezcan las alas
y estoy más ilusionada que nunca.

Es mi momento.

Una parte de mi piensa en crear una familia
y la manera en la que eso chocaría frontalmente
con este futuro profesional,
pero siento que lo tengo en la punta de los dedos,
que mis yemas casi pueden tocar ambas cosas
y ahora mismo me seduce más la idea
de marcharme a conocer y vivir nuevas experiencias,
que quedarme para traer a un nuevo ser a este mundo.

Quizá sea egoísta por mi parte
y cuando lea esto dentro de un año
me de cuenta de cuánto he cambiado,
decida lo que decida,
pero ahora mismo me da vértigo mi yo del futuro,
porque cuando esté leyendo esto dentro de unos meses,
ya habré decidido qué hacer,
qué camino escoger
y qué rechazar,
algo que por el momento
me está siendo sumamente difícil.

Es una gran bifurcación en mi vida
en la que tengo que elegir
si formar una familia
o marcharme y crecer profesionalmente.

En este momento siento la presión
biológica y social
que me impide decidir 100% por mi misma
y es algo que no me gusta
porque me impide tener la cabeza fría
para decidir qué, cómo y cuándo.

Por muchos años que pasen,
la presión que se ejerce
sobre la mujer para formar una familia
es algo perenne.

La cantidad de horas al día
que le dedico a esta toma de decisión
solo se puede comparar con
la cantidad de veces que piensas en una persona
cuando estás enfadada con ella.

Extenuante,
agotador,
silencio ensordecedor
que pretendes rellenar con otras voces
que no sean la tuya
y que no vayan dirigidas a ti,
pero aún así sigues sin llenar ese silencio
y ese vacío que tampoco logras llenar.

Supongo que así de amargo
sabrá tomar una decisión tan compleja,
en la que sientes como tu vida se bifurca
pero tienes que aparentar que no te sucede nada
porque el resto de personas
jamás llegarían a entenderlo,
ni siquiera los que mejor te conocen.

Y así pasan los días.

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