El viejo hogar

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Hoy he vuelto a casa después de un mes y la he olido por primera vez.

Quizá esta sea una de las sensaciones que más delatan lo lejos que me siento de lo que hace menos de un año llamaba “hogar”. Es la prueba más fehaciente que existe, dada mi escasa experiencia en el tema. Añadido a eso, he sentido que el lugar era el mismo pero un halo de rareza se había apoderado de él. Desconozco si era por el cambio de pensamiento que en mi ya reside o, por el contrario, en las personas que ahora habitan la casa. Eso solo me hace reforzar más mi idea sobre que lo material es algo tangible que no debemos pretender poseer por tiempo indeterminado y, así, añadirlo a nuestra lista de artículos o personas preciadas. Una casa la puede poseer cualquiera, incluso la misma que tú has vivido durante tu infancia o toda tu vida, pero eso no quiere decir que tengas que amarla como tal.

Se ha liberado un peso en mi, ya no me he sentido partícipe de algo que se rompe, del materialismo aprendido pero completamente innecesario, de la carga de sentir que necesito algo por el mero hecho de haber costado dinero, sin comprender que muchas veces confundimos valor y precio. Pero, en contraposición a esto, me he sentido más solitaria que en las últimas semanas. Cuando te das cuenta que ya no perteneces al mismo hogar que tu familia, al lugar donde creciste y gracias al que eres quien eres hoy, sin olvidar de donde vienes, por supuesto. Te sientes en el limbo emocional y sentimental, porque ya no es lo que era en un tiempo atrás, las cosas han cambiado de tal manera que el vacío quiere apoderarse de ti de una manera que a veces es difícil controlar.

Por eso debemos tener unas convicciones claras, unos objetivos establecidos y tener la certeza de que somos capaces de llevar a cabo cualquier reto que nos propongamos por duro que sea, porque hemos llegado aquí, a donde estamos, por nuestros propios medios, capacidades y conocimientos sin que nadie nos haya regalado nada nunca. Por eso estoy siendo fuerte, porque sé que lucho por algo que merecerá la pena.

Para ello hay que hacer un análisis en profundidad, conocerse bien y tener la autoestima suficiente para no decaer en el intento.

El viaje empieza con el primer paso, pero hay que darlo.

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