Hasta la siguiente colisión

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Ninguna ruptura,
por pequeña que parezca,
puede ser del todo placentera. 

Me gustaría decirte lo mucho que te echo de menos.
Que no me importa si metes a otra en tu cama
para suplir mi ausencia,
porque los dos sabemos
que ella nunca será como yo.
Quizá solo esté hablando de más,
al menos por una vez
y quizá solo lo haga
porque me muero de ganas por saber si estás bien.

Aunque no lo merezcas, te echo de menos.
Aunque pretendas olvidarme
escondiéndote en canciones estúpidas
que gritan a los cuatro vientos
que ya lo has conseguido.
Siento que tu intelecto llegue hasta ese punto,
que las conexiones de tus neuronas
no te hayan permitido verme como todo lo que querías
y necesitabas sin saberlo,
que hayas llegado a odiarme por encima del amor
y no haber sido capaz de enseñarte
que el amor no siempre es perfecto.

En cierta manera me hiciste un favor por haberte alejado,
por haberme enseñado que no siempre debo elegir
a la persona equivocada.
También me enseñaste a no preocuparme demasiado por nada,
a vivir sin ataduras
y a ver la vida siempre del color de los cristales de tus gafas: azul.

Espero que seas feliz por ti
y no con ellas,
porque no llegará ninguna mujer buena a tu vida
hasta que estés listo para darte cuenta.
Ojalá algún día puedas comprenderlo.

P.D.: Casi se me olvida…
si me ves por la calle
no me saludes.

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