Se nos llena la boca

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“Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas”. 
Proverbio árabe. 

Se nos llena la boca, desde hace algún tiempo, diciéndonos varias cosas tan absurdas como irreales.

“Te quiero”,
“te odio”,
“eres despreciable”,
“no quiero volver a verte”,
“todo lo que haces es vender humo”,
“asesino”,
“acosador”,
“eres la única mujer de mi vida”,
“eres mi mejor amigo”,
“qué sería de mí sin ti”
y me podría pasar aquí hasta mañana contabilizando ejemplos. Ejemplos de frases hechas que decimos casi a diario, incluso alguna más de una vez, sin ser verdad. Lo cierto es que ya no nos importa mentir, no contrastamos información para saber si es verdad lo que sentenciamos, si de verdad queremos o no a una persona o si de verdad odiamos a otra por un hecho relevante o por un simple encontronazo.

Pero mira, si vamos a ser realmente hipócritas, al menos reconozcamos que si decimos toda esa serie de cosas es porque el otro no piensa como nosotros. Si no lo reconociéramos, estaríamos asegurando al resto del mundo que somos seres, pero que de humanos tenemos poco ya. Lo realmente curioso de todo esto es que nos asusta que otro piense diferente a nosotros y nos imponga su idea a base de fuerza, (cuando es justamente eso lo que intentamos inculcar en el otro). Curioso que seamos el Hommo Sapiens Sapiens y nos de miedo eso de Sapiens.

En este sentido nos hemos hecho incontrolable e irracionalmente pasionales. El motivo no es otro que el libertinaje de expresión. Hoy en día no es que sea barato decir lo que queramos, sino que es gratis. ¿GRATIS? Sí sí, gratis. Mañana podría ir por la calle, encontrarme contigo y agredirte física o verbalmente que no pasaría nada. Piénsalo, seas hombre o mujer, no me pasaría nada. (A la vista está, seas quien seas). Y es que ya ni el presidente de ningún país se salva, ni un niño, ni una mujer, ni un anciano… nadie. Estamos tan expuestos públicamente, incluso sin salir en la caja tonta, que nos podría pasar cualquier cosa al salir por la puerta de casa.

La cuestión es: ¿te gustaría?

¿Te gustaría ser juzgado, humillado, calumniado injustamente y un largo etcétera que le sigue?
No seamos estúpidos, no hablemos por hablar, tengamos rigor. Enjuiciar, ofender, denunciar y calumniar debería ser un delito más.

 

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