Mi cuerpo, mi templo

30Mi cuerpo es mi templo,
quien decide sobre él soy yo
y únicamente yo tengo el poder.

 

MiTemplo

Aunque te creas dueño de mi por solo mirarme,
aunque pienses que mi cuerpo será tuyo
por haberme entregado a ti en aquella noche,
aunque me veas pasar y pienses que,
si voy así vestida,
es porque quiero provocar un efecto especial en ti…
entonces hay algo que tienes que saber.

Lo que ves, tan solo es mi cuerpo.
Claro que quien dice “tan solo”, se refiere a algo superficial que nada tiene que envidiarle al resto de seres que cohabitan en esta tierra conmigo, entre los cuales e inevitablemente estás tú. También he de decirte que, aunque veas un escote o unas piernas, soy más que eso. En efecto, soy más que unas simples curvas que moldean mi interior y, lamento comunicarte que, mi vida no gira en torno a ti, es por eso que me pongo escote y falda, porque me sientan bien y me gustan. Al igual que tú te pondrás la ropa que te gusta sin pensar en cómo te verán los demás o si alguna mujer te acosará por la calle por salir así.

También has de saber que regalar amor no es hacerte partícipe inmediato de mi vida, y mucho menos de mi cuerpo, ya que soy una mujer libre de hacer con mi cuerpo lo que me haga feliz sin hacer daño al resto. Estamos en el siglo XXI y, tanto hombres como mujeres, tenemos los mismos derechos y libertades, entre ellos el derecho a hacer con nuestro cuerpo lo que nos plazca.

He de comunicarte que, si te has fijado bien, no soy ni una naranja ni un pan recién horneado, es decir, que no estoy a la venta y que soy una persona que se merece respeto, aunque tenga pechos y tú no. (La naturaleza lo ha querido así).

Has de saber que no tengo que babear cada vez que me susurres (o me grites) un piropo y tampoco tengo porqué sonrojarme cada vez que me trates como a ganado. Ya que, volviendo al punto anterior, me merezco respeto y que dejes de babear por todo lo que digo, sin siquiera escucharme, mientras me miras el escote. Ya sea morena o rubia, pelirroja o castaña, mis pensamientos valen lo mismo que los tuyos. (Esto no lo ha querido la naturaleza, por desgracia, sino que es el ser humano el que lucha día tras día por lo mismo, en decenas de países con ideologías, etnias y razas diferentes).

He de comunicarte que no tengo un don especial para hacer de comer, limpiar, ni cuidar de niños porque no estoy programada genéticamente para  tal fin, al igual que tú no tienes porqué saber de electricidad, mecánica o todos los deportes (aunque sea la pelota vasca). Si crees que, por ser mujer, te voy a sorprender con mi receta mágica enamorahombres, seguidamente te limpiaré tu mierda y tendrás conmigo una vida placentera de paseos por ahí mientras yo cuido de tus, mis o nuestros hijos, déjame decirte que te  equivocaste de siglo.

Tengo tanto derecho a ligar como tú, pero no pienses que voy a provocarte y que lo único que quiero es sexo, porque las mujeres nunca queremos sólo sexo (por mucho que digamos que sí, hazme caso). Así que, si quieres sexo, mírate las manos. Suerte.

Olvídate de las películas disney. No somos ningunas damiselas en apuros ni princesas con un único zapato, así que deja de tratarnos como desvalidas, niñas inocentes y tontas, porque no lo somos. (En caso de creerlo, el tonto serías tú).

Mujer no es sinónimo de esclava, objeto ni sirvienta ya que, si nos dejamos llevar por “lo que se supone que debería ser”, tú tampoco deberías tener disfunción eréctil o un miembro infrahumano.

Mi cuerpo,
mi templo,
mis normas.

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