En mi memoria

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La soledad se apodera de tus pies caminantes
Tu mente, virginal y pura, se deja llevar
Visualizas luces y sombras sin enforcar un ápice a tu alrededor
Entonces te limitas a llenar tus pulmones de aire y te preguntas:

¿estaré vivo?

Añoro estar enamorado, ¿o tal vez no?
No logro recordar la última vez que lo estuve, porque esa última relación no podría denominarse ni siquiera “relación”… sería un apelativo demasiado serio y cariñoso.
¿A dónde voy?… Bah, ni siquiera importa. Me acercaré al Sol, quizá él sepa ayudarme con sus últimos rayos antes de esconderse.
Vago por la calle con el único rumbo de encontrarme lo más cerca posible, pero parezco invisible… Es decir, nadie me mira, tengo que apartarme para que no me golpeen al caminar, ¿qué les pasa? ¡Madre mía!, la gente va ciega por la calle, tan ensimismados en sus propios pensamientos que no se percatan de que también viven con otros seres humanos, pero bueno… cada vez estoy más cerca de ese muro iluminado por mi querido Lorenzo y más alejado de esta gente que parece rehuir de mi presencia.

Aún recuerdo mi primera vez, pero no la sexual, sino la primera vez que me robaron el corazón para después rompérmelo. Se trataba de una chica de mi instituto que, con sólo quince años, ya tenía claro a lo que se iba a dedicar en la vida. No me refiero a que me dejara por otro o me hiciera daño por placer, sino que tenía sus ideales muy claros desde bien temprano: ella quería ser bailarina profesional. Lo cierto es que me fascinaba verla bailar, tenía un talento excepcional. Se calzaba sus zapatillas de ballet y se transformaba en una paloma preciosa, era capaz de volar por todo el espacio y creerse que lo era de verdad. Mi grave error fue no estar a la altura y no encajar en sus planes, debía dejarla crecer en lo que ya era su profesión y hacerme a un lado, aunque no hubiera querido nunca antes a nadie de esa manera. Quizá por eso me obsesioné tanto con el atardecer, porque simboliza la pérdida de Alba, mi Alba.

Mi nombre es Luciano por culpa de mi madre, aunque supongo que mía también. Se le ocurrió la genial idea en el momento de mi alumbramiento, ya que nací a las 6:49 am y siempre me ha dicho que fui la primera luz de ese 1 de noviembre. Siempre que le preguntaba el por qué de mi nombre, me decía: “Antiguamente se utilizaba para designar a los nacidos con la primera luz del sol. Simbólicamente sería “el iluminado”, el que se guía por la luz y el raciocinio, hijo y ese eres tú”. Pero desde siempre me han llamado Lucio, es más corto y menos traumático para mi juventud.

Estoy llegando a mi muro pero alguien lo ocupa hoy, es una mujer con un carrito de bebé y no sé porqué me resulta familiar su moño de cigüeña… ¡¡ES ALBA!! 

Continuará…

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