Simplemente “él”, no tu

Observo mi vida desde fuera de ella, como si no existiera la suficiente fuerza en mí como para afrontar los acontecimientos que se me suceden, entre ellos  tú.

Aún recuerdo la última vez que te vi, la última mirada que te dirigí y el ultimo beso que nos dimos, esa vez en la mejilla. Mi cuerpo enmudece al recordarlo, pues sabe que lo único que querías en ese momento era deshacerte de mi, alejarte y no volver. La conversación que tuvimos con antelación solo fue el preludio de una despedida cruel e inesperada, con un “ya nos veremos” un tanto incrédulo.

Algunas partes de esa conversación aún hoy resuenan en mi mente:

– pero, vamos a ver… ¿aún te gusto? – inquirió él con tono amenazador y melancólico.

– NO. Claro que no… – respondí, aunque sin creerme mis palabras. La respuesta perfecta hubiese sido: “NO. Claro que no… yo te quiero”. 

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Lo cierto es que jamás me he atrevido a decírselo, jamás mis labios han mencionado esas dos palabras en su presencia, aunque cada parte de mi cuerpo gritara al unísono y formara la más pura imagen de una loca enamorada. Mil veces me repetí que él jamás debería saberlo. Saber que le quería, claro. Nuestra relación ya era lo suficientemente complicada como para complicarla aún más con mis “típicos sentimientos”. Esos que se sienten cuando se comparte con una persona cada momento de felicidad que recorre tu vida durante semanas. Aunque no lo supieras con esas dos palabras irremplazables, espero que todas y cada una de mis miradas te lo dijesen, todos y cada uno de mis besos te lo dejasen marcado en la piel, todas y cada una de mis caricias después de mostrarte mi más profunda intimidad, se te hubieran metido en la cabeza y te lo hubiesen dejado latente. Ya ni siquiera me importa que ella borrara esos besos y esas caricias, porque las miradas aún permanecen y, con ellas, la sensación que aún sientes al tenerme cerca. (Qué irónica quedó esa última frase…)

“Qué estupidez” me recalco cada vez que te pienso, porque ya tú no piensas en mi de esa manera. Ni siquiera sé si pensaste en mi de esa manera alguna vez. Tú ya no eres quien eras, ahora solo eres “él”. Casi lo prefiero. Prefiero que en mi mente seas el perfectamente ideal de todos los hombres, el que ha besado mi piel y me la ha marcado más que un hierro candente, el que ha sido dueño de mis pensamientos durante meses y que en la realidad solo seas uno más. Al fin y al cabo es lo que te mereces, cariño.

Espero que puedas vivir soportando que en mi mente eres el 100% del hombre que podrías ser. 

 

 

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2 comentarios en “Simplemente “él”, no tu

  1. isabela dijo:

    Profundo e intenso…sencillamente extraordinario. Yo alguna vez también sentí en mi piel algún beso forjado con hierro incandescente…de esos que los años no borran.

    Me gusta

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