De principio a fin – Parte IV

Bañera

En ese preciso instante, un trozo de comida se me atravesó en la garganta y me puse tan roja que Diego se asustó.

– ¡Sara, Sara, ¿estás bien?! – exclamó alarmado tras abalanzarse sobre mi para ayudarme, realizándome la maniobra de Heimlich.

Creo que lo más desagradable de la cena. No he pasado más vergüenza en toda mi vida, sobre todo después de escuchar cómo el restaurante al completo le aplaudía y el color me volvía a las mejillas, tras pasar del rojo de Heidi al pálido de Casper. Él hizo caso omiso, se agachó para comprobar que estaba mejor, me acarició la barbilla y me dijo:

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