Nuestra blanca flor

Los abuelos deberían ser eternos

Finalmente te apagaste como se apaga una vela, de repente, en un suspiro, sin darte cuenta, en silencio. En mitad de una noche, como quien parte un telar a la mitad por el lugar más inesperado, como cuando un jarrón cae al suelo y lo hace todo añicos, como el llanto de un niño en mitad del silencio. Tú, que no sabías leer ni escribir pero nos has enseñado muchísimo de la vida incluso a la hora de tu muerte, bandida. Porque has tenido incluso la delicadeza de irte de la misma forma que viniste a este mundo: sigilosa, la última de tus hermanos, la que no llamaba nunca la atención, la que se escondía en los demás y siempre todo el mundo tomó por tonta, pero qué listo hay que ser para hacerse pasar por tonto, abuela, eso solo tú lo sabías. Llegada tu hora no habrá abrazos, ni besos de personas que no quieres que te vean, ni circos montados a tu alrededor, ni cuchichearán de ti por la calle porque tú, como las señoras de alta cuna, te has ido en la más absoluta y estricta intimidad… y por mucho que digan, sin una bendita arruga, porque tus cremitas hasta el final, han merecido la pena, ¿verdad Salva? Ay Salva, cuánto la habías echado de menos y qué pronto se nos ha ido contigo. Abuelo por favor, sé que lo harás y que no tengo que pedírtelo, pero protégela, aquí hemos intentado hacer lo posible desde que te fuiste, pero desde ese maldito 9, su corazón se partió de tal manera que no ha hecho más que recorrer el camino que emprendiste tú cuando te marchaste.

Marquesa, Señorita Escarlata, Catalina, Doña Permanente, nunca fuiste la “Señora de”, porque tú siempre nos enseñaste que una mujer tiene que valerse por sí misma, aprender a conducir, aprender a vivir sola, trabajar y que ningún hombre hiciese contigo lo que los libros de buena mujer decían, nos enseñaste a pintarte para verte guapa tú, a ir por el mundo pisando fuerte con tu carácter sin perder la inocencia y también a rodearte de personas más fuertes que tú, si dabas con la mala dicha de ser frágil, porque no es débil quién conoce sus debilidades, si no quien no hace nada por convertir eso en una oportunidad.

Espero que juntos celebren el cumple del abue, que yo sé que te has ido una semana antes como regalo hacia él… anda que no lo van a pasar bien. Bailen “historia de un amor” por nosotros, como ustedes saben.

Descansa, blanca flor, que ya toca descansar de todo esto y recuerda que tu familia también está aquí en la tierra y que te quedan muchas cosas por compartir con nosotros. Que ahora vivamos en horarios distintos no quiere decir que no podamos vernos de vez en cuando, así que haznos alguna visita, más que sea para ver lo que te traje de mi último viaje, que te has hecho la interesante y no has querido abrirlo. Qué suerte has tenido de librarte de mis potajes, yo que ya estaba pensando en hacer otro…

Rubia, te queremos y te querremos siempre.

Con todos ustedes, mi abuela.

Buen viaje, blanca flor.

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