Pero tú

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Aquella tarde esa cama se me hizo eterna.

Entre autoengaños y reproches que recorrían mi mente,
resoplaba por dentro todo lo que aún no te había dicho.
Atravesabas mi mente constantemente y sin permiso,
en ocasiones no llevabas ropa
y hacías con mi cuerpo lo que las abejas hacen con las flores,
lo que el viento hace con las nubes
y lo que otras personas harán en sus camas,
aunque tú y yo jamás y nunca…

Me encontraba en mi cama con otro,
contemplando una película que me ayudase a olvidarte
y pasar página.
Quizá se hace así,
compartiendo cama con otra persona que no seas tú
para intentar borrar el tacto que produce tu piel contra la mía,
tus labios contra mi hombro,
tus dedos hábiles en mi interior…

Desde que no estamos juntos
no puedo soportar ver a dos personas acostarse,
ni tan siquiera rozarse.
Maldigo al destino por no querer lo mismo para nosotros,
por no quererme entre tus brazos
y a ti entre mis labios en forma de sonrisa
constante
por estar ahí,
conmigo.

Quizá fuera fruto de ello o que el miembro de mi acompañante
comenzaba a clavárseme en la zona baja de la espalda,
el caso fue que sucumbí,
me giré y le besé ardientemente
con los ojos tan apretados como pude
y la boca tan absurdamente abierta
que mis papilas degustaron al instante
que en esa lengua no residía ningún atisbo de alcohol,
tu aroma.

Le pedí que no hablase,
hizo con mi cuerpo lo propio que hacer en estos casos
mientras yo me dejaba llevar
hasta poder empujarlo contra mi sexo.
Supongo que para eso estaba ahí,
para hacerme olvidarte un poco más
con cada embestida de su pelvis contra mi.
Le escuchaba quejarse por el esfuerzo
y en mi mente brillaban tus ojos,
esos que de un tiempo a esta parte se tornan oscuros,
recordaba aquella vez en la playa cuando me sostuviste entre tus brazos
bajándome de ese banco de madera,
rozando mi cuerpo con todo tu torso hasta bajarme al suelo.
Recuerdo que ese día me molestó tanta cercanía con tu cuerpo,
tantas sensaciones…
y creo que desde entonces me he quedado atrapada en ti.

Quizá por eso alcancé el clímax en el más absoluto silencio,
por la pena que en mi residirá siempre
de no poder amarte como me gustaría.
Porque siempre podré poseer al hombre que me plazca,
pero jamás a ti.

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2 respuestas a “Pero tú

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