Érase una vez…

Y todo se condensó en 2 bolsas y una nevera de playa.

32 meses, 992 días, 23.823 horas en tres bultos absurdos. Qué injusto es el final de todo lo que un día empezó. Nos parece tan pequeño e insignificante desde esa perspectiva… sagas inacabadas, películas que ya no veremos juntos, conciertos a los que no iremos, partidos de fútbol y baloncesto que ya no disfrutaré a tu lado, saludos de buenos días y despedidas de buenas noches que se resumen en un abrazo entre lágrimas, un último abrazo cargado de deseos incompletos y el sentimiento de que no ha merecido la pena la lucha.

Sé que me pondrán de puta para arriba por no quererte como te mereces, que me odiarán y maldecirán en algunos casos, otros sin embargo lo celebrarán, se alegrarán y estarán al acecho. No sabremos de qué lado están hasta que ya no puedan descubrirse más. Y quizá tengan razón, te he querido tanto que me he olvidado de quererte bien.

Ya no más treces, no más Catalinas ni Benitos, no más Livajas o Príncipes, ni siquiera más Veguetas o Tejedas, norte o sur, cine o teatro, Kike Pérez & Aarón Gómez o Manolo Vieira, ya no más. Tus lugares son los míos y mis secretos han pasado a ser también los tuyos, pero ya nada de eso importará. Ni siquiera la metáfora de la arena y el mar, el vaivén y los mensajes en las botellas. Porque ya no más. Ya no hoy, ya no por ahora y mañana quién sabe, porque está tan lejos como cerca. Es tan incierto como la respuesta a “¿qué tal lo llevas?”. Yo no pedí quererte pero sí pido que ahora no sufras por haberlo hecho.

Ya no la veré crecer, no veré cómo saltas celebrando y te giras para besarme, ya no habrá más “solo un poquito” u “hoy te toca a ti”, tampoco colacaos en vez de manzanillas, ni alcohol… bueno, alcohol sí que habrá y creo que bastante por una larga temporada, pero prometo que solo para olvidarte entre tanto dolor de cabeza… y que se me parta la mano si te escribo a las tres de la mañana.

Y tú de mi vida no te perderás gran cosa, seguiré en el mismo lugar y con la misma gente. No me caracterizo por rodearme de gente en exceso, qué te voy a contar a ti… Quizá en mi diario vaya contando los días que hace que no estás conmigo, solo para no sentirme tan estúpida por sentirme tan vacía y sola, pero todo acaba pasando, porque incluso el café se enfría. Porque ni en un día se quiere ni en dos se olvida.

Gracias y lo siento.

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