Vive sin tener que despedirte

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¿Cómo me acerco a ti después de todo y te digo que lo siento, aunque no sea culpa mía?

¿Cómo puedes acercarte a alguien y darle el pésame por la defunción de un familiar cercano?
¿Cómo puedes volver sobre tus pasos y sentirte al otro lado del espejo?
¿Cómo te recompones y reúnes valor para volver al lugar donde tanto sufriste la pérdida?

Nadie tiene la culpa, en eso estamos de acuerdo, sin embargo te sientes en deuda con esa gente que ahora está pasando por lo mismo que tú pasaste hace algún tiempo.
Un padre es un referente que no debería desaparecer jamás, ni siquiera para cuando tengamos edad de darle nietos. Ni siquiera para entonces…
A pesar de todo ello me acerco a ti y te abrazo. Con las pocas o inexistentes ganas que emanan de mi cuerpo, intento consolar el desolador llanto que asola tu corazón en esos momentos. Reconozco que no soy el mejor de los pilares en los que apoyarse, pero eso no me impide hacer lo que toda persona que te ha querido, habría hecho en algún momento de su vida.

Vida… que ironía. Este sitio carece de cualquier parecido con la vida.

Incluso los sonidos de este lugar son desoladores: llanto, gemidos de dolor y desconsuelo, susurros, risas en algún que otro rincón que son reprimidas, oraciones y un sinfín de conversaciones inacabadas de temas intrascendentes entre los invitados. Muchos no nos vemos desde hace bastante tiempo y, por mucho que nos prodiguemos, estamos predestinados a encontrarnos en más tanatorios que cafeterías.

Entre todos ellos están los familiares, los más cercanos y los que se sienten más cercanos de lo que son. Muy pocos se atreven a acercarse al cuerpo, el que no hace tanto albergaba vida en su interior. Los más morbosos desconocidos se acercan a verlo, otros no pueden reprimir el llanto nada más contemplar semejante estampa.

A mi solo me queda por añadir una última objeción. Siento encontrarme en este lugar por la persona por la que me encuentro y, por encima de ello (con el mayor de los respetos), por sus familiares. Después de todo, esa persona ahora mismo está mejor donde se encuentra, ya no sufre, ya no necesita de un cuerpo para seguir existiendo, mientras que son sus familiares quienes tienen que continuar construyendo su día a día con los rescoldos de un sufrimiento que no tiene fecha de caducidad.

Los padres, las madres, los abuelos y abuelas, los tíos, primos y demás familia, jamás deberían abandonarnos de una manera tan prematura que no nos de tiempo ni siquiera a mirarles a los ojos para recordarles que nos dan más vida incluso que el oxígeno que respiramos y nos consume por dentro. Muchas veces no nos da tiempo de despedirnos, ni siquiera cuando sabemos que el final está cerca, por eso… vive sin necesidad de tener que despedirte jamás.

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