Ella es mi abuela

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Llegas, abres la puerta y entonces la ves… Sigue ahí todavía.

Ella es la historia del amor y del desconsuelo juntos,
sosteniéndose las manos en un abismo invisible que pocos pueden apreciar.

Cuando la mires a los ojos
podrás observar su enfermedad,
el glaucoma acompañado del azúcar la están dejando ciega,
pero también puedes contemplar el pesar de su alma
que se encuentra reflejado en sus párpados.
Le pesan tanto que solo le apetece mantener los ojos cerrados,
aunque ya no sea capaz de dormir todo lo que le gustaría,
porque sabe que así…

Sus manos reflejan todo lo que la vida la ha obligado a trabajar
y lo mucho que le ha costado sacar a su familia adelante,
aunque ella no trabajase para muchos
o para otros fuese una ignorante.
Gracias a su “ignorancia”,
la fuerza de su coraje cobró más vida en su espíritu de lucha.

Y, para todos aquellos que la han llamado ignorante durante toda su vida,
he de decirles que a ella nadie era capaz de engañarla,
tenía respuesta para todo
y a pesar de no saber leer ni escribir,
el amor no se aprende leyendo ni escribiendo,
sino practicándolo desde el corazón,
como siempre ha hecho.

Su cuerpo consumido por la incesante lucha,
las enfermedades compartidas,
las marcas de una vida que la ha golpeado sin descanso
y, a pesar de todo ello,
la sonrisa que siempre regala.

Su corazón compasivo no tiene distinción para diferenciar
a las personas que le han hecho daño de las que no,
porque a ella la enseñaron a amar y a respetar,
por encima de cualquier cosa.

Durante toda su vida ha tragado orgullo como la que más
y ha hablado con el trabajo realizado,
por sus manos.

Hace algo más de dos años, tres meses y veinte días, se fue él.

Desde entonces ella solo quiere dormir,
ya ni siquiera es capaz de caminar más allá del baño.

Unos se preguntan qué le sucede si no está enferma,
otros se enfadan porque no lucha por su vida
y el resto se resigna a verla apagarse.

Yo creo que la enfermedad de su mitad
también se la llevó a ella por delante.
Aunque nosotros todavía la veamos,
ella ya no está.

En ciertas ocasiones ha dejado claro lo que quiere:
reencontrarse con él y descansar.
Descansar de esta vida que no le va a traer nada nuevo,
o al menos nada que quiera vivir sola.

Tras más de sesenta años unida a la misma persona,
no puede hacer como si nada hubiera pasado
al haberla perdido.

Si a muchos se nos hace difícil
recordarle después de todo el tiempo que ha pasado,
para ella ni siquiera existen palabras
ni lágrimas suficientes
para que nos hagamos una idea
de cuánto lo echa de menos.

Sueño con el día en que ella sea feliz de nuevo,
que su dolor se apague
y no tenga que recurrir a un sofá
para que su vida pase más rápidamente.

Ella es el reflejo del amor más sincero y fiel que he conocido y conoceré jamás,
por eso no puede vivir sin una parte de ella,
algo que le han arrebatado de una de las maneras más dolorosas.

Ella es mi abuela,
una luz que se apaga cada día.

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